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El entusiasmo que ponemos en la tarea es el sello imborrable del resultado.
Nuestros talentos están grabados en la misma naturaleza.
La pasión convierte el propósito en una cuestión de vida o muerte.

Hay que ponerle corazón a todo

Lo primero que en la vida debemos tener es un alto sentido de propósito y en segundo lugar, pasión por el logro.
El alto sentido de propósito significa la claridad mental sobre lo que queremos. La diferencia entre un propósito claro en la vida y un anhelo, consiste en que el propósito tiene una definición, es específico y tiene un tiempo para cumplirse; mientras que el anhelo es un deseo en el aire, un sueño etéreo. Es cierto que todo comienza con un sueño, pero no podemos quedarnos en el sueño; hay que traducirlo en un objetivo.
Cuando las personas definen un propósito claro, eso es como un faro que guía el camino. El propósito responde a las preguntas de: ¿Qué quiero lograr? ¿En qué dirección quiero ir? ¿Para qué nací? ¿Hacia dónde voy? El valor del propósito está en tener una meta clara con la cual optimizas el resultado de tu energía y el uso de tus recursos personales.
La pasión, en cambio, es lo que te mantiene en la búsqueda de ese propósito. El propósito debe tener un alto valor, de lo contrario no representará un reto y por lo tanto la motivación por expectativa será muy baja. Cuando el propósito tiene un alto valor, la pasión siempre será mayor. Debemos tomar en cuenta que cuando nos fijamos metas muy altas, el camino será más complicado, habrá muchos obstáculos que vencer, por ello se requiere de mucha pasión, que es lo que nos mantendrá animados y entusiastas para lograr esa meta. El amor por lo que hacemos, es muchas veces el principal alimento para mantenernos firmes.
Mi mamá me fijó una meta, a manera de mandato, como ella acostumbraba, pero era verdaderamente trascendente, no había alternativa: “Estudie mijo, porque si no, no eres nada”
Si creemos con seguridad que mañana será mejor, Dios nos bendecirá y después del desierto vendrá la Tierra Prometida. Todo esfuerzo tiene una ganancia. Después del sacrificio vendrá el premio. Yo sé que muchas personas se encuentran en situaciones que resultan tan negativas, que pareciera imposible cumplir los sueños, pero aún en casos así, hay gente que representa el testimonio viviente, de que todo se puede.

El Reino de los mejores…

Primero es importante que estés. Segundo, que sepas para qué estás. Pero lo que te mantiene hasta llegar a ser el mejor es la pasión.
Soy de los que ha predicado a lo largo de mi vida, en cada conferencia, en cada taller, en cada encuentro, en cada entrevista, en cada artículo, que toda persona debe buscar ser única o mínimo especial.
La verdadera competencia que yo planteo es con nosotros mismos, la superación de nuestros propios límites y la lucha es contra los enemigos internos: la duda, el temor, la ansiedad, etc. Competir contra nosotros mismos y aguantar hasta derribar todo pensamiento limitante, eliminar toda duda y aniquilar cualquier temor. Concientizar el propósito que nos hemos fijado y lanzarnos como cuando se lanza un paracaídas al vacío, con la convicción de que ese paracaídas se abrirá. Mostrarse al mundo como los seres especiales y únicos que somos. La diferencia no está en el paisaje, sino en nuestra capacidad para demostrar con una actitud única, que queremos pertenecer al Reino de los mejores.
Ser mejores no es cuestión solo de talento, es cuestión de pasión, es cuestión de actitud. Nunca bajes la guardia, haz todo lo que tengas que hacer con absoluta pasión. Enamórate de lo que haces, eso hará la diferencia. Un día bajas la guardia y ese día perdiste la oportunidad de tu vida. En consecuencia, el amor por lo que haces lo debes demostrar en cada acto donde estés presente y sentirlo en cada minuto de tu vida.
Cuando amamos lo que hacemos, somos capaces de remontar una cuesta, levantarnos y seguir remando. El amor por lo que hacemos es una fuerza que no tiene límites, es una fuerza capaz de hacernos levantar todas las veces y de reiniciar hasta conseguir lo que queremos.

Hacer con pasión es más que hacer

La pasión nos lleva a un estado de conexión emocional con aquello que consideramos valioso. De la pasión resulta el entusiasmo, la vehemencia y el sentimiento de entrega absoluta.
Cuando algo nos apasiona entregamos más allá de la fuerza mental, del talento o simplemente la fuerza física: el corazón como símbolo de un compromiso trascendente. La pasión nos lleva a desprendernos de muchas cosas, a invertir tiempo, dinero, energía por lo que consideramos que es de alto nivel emocional.
Existe por ello una marcada diferencia cuando lo que hacemos nace desde lo más adentro de nosotros. El resultado de aquello que es producto de un gran esfuerzo, que además hemos acompañado de una tremenda pasión, será muy superior. Ser movidos por la pasión, es ser impulsados por una fuerza superior que nace de lo más profundo de cada uno y que le da un sentido mucho más poderoso a lo que hacemos.
No puede llegarse a un lugar si no se tiene definido ese lugar.
Saber a dónde ir es tan importante como querer ir.
Sin pasión difícilmente podamos mantenernos en el tiempo, accionando con toda la fuerza para conseguir lo que nos hayamos propuesto. La pasión es el alimento necesario para mantenerse en pie a pesar de las circunstancias. Es la energía interior, que impulsa al hombre a lograr cosas superiores.
Cuando tenemos claro el norte a seguir y nos enamoramos de lo que es muchas veces un proyecto, entregándonos por completo para que se cumpla el sueño, la oportunidad siempre aparecerá de un momento a otro.

Esto es la triada del éxito: propósito claro, pasión por cumplirlo y sentido de oportunidad.

Libro: “No es cuestión de leche, es cuestión de actitud”

Autor: Carlos Saúl Rodriguez

 

 

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